Director: Lars Von Trier.
Reparto: Kirsten Dunst, Charlotte Gainsbourg, Kiefer Sutherland, Alexander Skarsgård, John Hurt, Charlotte Rampling, Stellan Skarsgård, Udo Kier, Cameron Spurr, Brady Corbet.
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-CRÍTICA CONTIENE SPOILERS-
Crítica: Tras Anticristo (2009), Von Trier hace un giro de 180 grados para crear una historia menos estresante y más amplia, pero la esencia visual y narrativa de dicha joya se maximiza en Melancolía, un destello de belleza y amargura en el que el fin del mundo es íntimo y onírico.
El filme está compuesto de tres partes, el primero un prólogo onírico, el segundo dedicado al personaje de Justine (Kristen Dunts) y el último al de Claire (Charlotte Gainsbourg). Es el día de la boda de Justine, pero al llegar a ella parece que todo el mundo conspira en su contra. A esto se une el hecho que un planeta llamado Melancholia está a punto de pasar al lado de la tierra y hay incertidumbre si el planeta va a chocar con el planeta Tierra y destruirlo.
Lars Von Trier, quién escribió también la cinta, logra con este filme deshacerse de toda la presión y estrés que le había ocasionado Anticristo, puesto que los límites que le había puesto y el peso de la cinta hasta el espectador lo recaía. En esta ocasión nos vuelve a presentar una historia en la que un fenómeno es el reflejo de que los humanos nos destruimos por dentro, nos convertimos monstruos de las ambiciones, pretensiones, vanalidades, falta de confianza, intereses propios, traiciones, entre otros, provocan una bomba de tiempo reflejado en la boda de Justine que termina siendo un desastre y detona una poderosa Melancolía en la protagonista, tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada (Definición de la RAE), en el caso de Justine destruye sus relaciones salvo la de su hermana y se refugia en un fenómeno astronómico para escapar. En el segundo capítulo nos muestra el miedo al cambio, el miedo a enfrentarlo y huir de él, la desesperación por ello, ésto representado por Claire y John (Sutherland). Pero ante todos estos monstruos, lo último que muere es la esperanza y la unión. Esa mezcolanza hace que el filme de Von Trier nos deje con un sentimiento extraño sentimental. Quizá el único problema es que en ocasiones la trama se torna un poco pesada y cansada, pero cualquier amante del séptimo arte lo dejará pasar pues se permanece inmóvil por la estética.



